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¿Dónde
está sentado Cristo? No está sentado en ninguna parte. Quien lo busca en algún
lugar, no lo encuentra. Su parte menor se halla por doquier, su parte superior
no está en ningún lugar.
La
señal de que alguien ha resucitado por completo con Cristo consiste en que
busca a Dios por encima del tiempo. Busca a Dios por encima del tiempo quien
busca sin tiempo.
Meister Eckhart
¿Qué
es entonces la oración espiritual? Es el símbolo de nuestra condición futura.
Isaac
de Nínive
Siempre la claridad viene del cielo.
Claudio Rodríguez
A veces necesitamos encontrar formas
de explicar lo inexplicable, expresar los vislumbres que el corazón capta,
aunque la mente se quede a las puertas. Gracias a las reflexiones sobre la Ascensión, van apareciendo
ideas, figuras, intuiciones acerca del cuerpo interior, el que perdura, la carne glorificada, la
vida eterna... Me atrevo a esparcirlas aquí, el
blog hermano de viaamoris.blogspot.com, porque a veces es bueno soltar, jugar,
soñar, recrearse con más libertad. Entonces el Misterio nos mira complacido, y
de cuando en cuando nos concede un relámpago de asombro, un hallazgo que se
expande como ojal en la tiniebla de una noche oscura.
Dice el monje copto Matta el Meskin
que Jesús, en el momento de su muerte, portaba en su carne a la humanidad
entera. Confirma así las palabras de San Pablo: “Nos apremia el amor de Cristo, al pensar que,
si uno ha muerto por todos, todos por consiguiente han muerto.” 2 Cor 5, 14
Él
nos lleva consigo, en su muerte, en su resurrección, en su ascensión. Pero
nosotros también lo llevamos dentro, porque Él ha querido quedarse con nosotros
todos los días hasta el fin del mundo. Somos
teóforos: portadores de Dios.
Por lo que estamos intuyendo al contemplar la Ascensión, la muerte
es realmente un paso a otra forma de existencia. Adquiere pleno sentido la metáfora
de San Agustín sobre ese tránsito como paso a “la habitación de al lado”. La
Comunión de los Santos no es así una esperanza lejana sino una realidad viva,
porque para Dios no hay tiempo. Lo que vemos está entretejido con lo que no
vemos y todo Es ya, aquí, luminoso y eterno a pesar de la apariencia de
entropía.
Porque Cristo ha vencido a la muerte y unidos a Él también la hemos
vencido y vivimos las primicias de la eternidad. Esa es “la habitación de al lado”; todos los
que parecieron irse están aquí, con nosotros, porque los planos de realidad se
superponen y a veces, si estamos atentos, podemos sentirlo.
La muerte no nos
separa de aquellos que amamos, al contrario, nos une de una forma más íntima
y real, por fin duradera. Porque el
Reino de los Cielos ya está aquí, y también, ay, el infierno y el purgatorio…
Lo hemos escuchado y leído a menudo, pero no siempre lo hemos comprendido en profundidad. Tuve la gracia de experimentarlo hace unos días con una claridad inédita. Y cuando pude asimilarlo,
apunté esto en mi cuaderno asombrado:
“El Cielo, el infierno y el
purgatorio están en la tierra, aquí, entre nosotros. Un hombre sin piernas en
una silla de ruedas empujada por una anciana con ojos de ceniza. Un enfermo de
sida escuálido, solo huesos y sonrisa, que mendiga en la calle junto a un
cartel de tinta temblorosa, y mira a su perro con ternura. Bajar varios tramos
de escalera en penumbra para una gestión del implacable césar en Correos. El Metro, esos
otros tramos de escaleras que, multidimensionales, a veces conectan con lo Real. Subir y bajar y subir de nuevo,
bucear taladrando los velos del sueño. Y mañana y ayer, siempre, escalar una
montaña con los sentidos sutiles despiertos, porque nuestro destino es ascender,
y elevar a cuantos han hecho posible que estemos, que seamos, en este mundo, diabólico y celestal, según lo mires o lo sueñes o lo recrees… El
“más allá” no es “más allá”, porque se encuentra aquí.”
Voy comprendiendo también que se puede “rehacer” la propia vida si se vive en unión con Cristo,
el verdadero “Original” de los seres virtuales que somos cuando vivimos en la
Matrix de inconsciencia. En Él podemos encontrar, actualizada, toda nuestra vida pasada, ese pasado
consciente que nos realiza. Y sé que Él nos devolverá (nos devuelve ya) nuestra
vida, para que la revivamos a la luz eterna del más allá–más acá, pero con
una claridad distinta, con una densidad diferente, la materia al fin iluminada.
Ascendemos
a nuestro Yo real y eterno porque en Cristo no hay disolución, sino consunción. ¿Quién
asciende?, ¿cómo asciende?, ¿en qué se asciende? Esencia, centro, corazón de
los sufíes, alma inmortal, sueltos al fin los viejos patrones y programas, Original
que ha bajado a nuestro encuentro para elevarnos…
Ascendemos
con nuestra apariencia eterna, la de de nuestra verdadera juventud, que es
nuestro ser más profundo, el impulso de todo aquello que hemos sido, incorporado (in-corpore) y
trascendido….
Como
dice el jesuita Henri Boulad: “Quienes integran su pasado en el momento actual
y lo concentran en él, están constituidos no sólo de la naturaleza humana que
es visible en un momento concreto, sino de mucho más: encarnan al mismo tiempo
todo el impulso interno de su pasado. Hay un arte de vivir en un estado de
síntesis, en un estado de totalidad.” Dice también que solo hay una humanidad:
“un único ser humano que se perpetúa a través de los milenios de la historia, y
ese ser humano soy yo, ese ser humano somos nosotros. (…) En nuestro espíritu,
nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra conciencia y nuestro subconsciente,
experimentamos el impulso irresistible de todas las generaciones pasadas, que
esperan de nosotros el fruto que tienen derecho a esperar, que será la
humanidad nueva que ha de nacer de nosotros algún día, cuando llegue la
consumación de los tiempos, cuando el hombre haya alcanzado su pleno
desarrollo, su estatura perfecta.” El “Cielo” sería así: “ese instante eterno
de recuerdo reiterado de todo lo que hemos sido, de todo lo que hemos vivido en
el presente de Dios.”
Que
así sea, porque Es.
Escenas de El Árbol de la Vida, de Terrence Malick (2011)
Semina Verbi… (gracias, Antonio y Ricardo). Él también siembra semillas
de Sí Mismo, de Verdad, en los artistas (de todas las tradiciones, todas las
religiones o de ninguna) que se abren al Misterio de Lo Que Es.
Gracias a Marco Giovannucci por el vídeo, y por la Luz
silenciosa.
***
Ha subido al cielo; pero el
cielo no es únicamente la desierta convexidad donde aparecen y desaparecen,
veloces y tumultuosas como los imperios, las nubes de los temporales, y resplandecen
en silencio, como las almas de los santos, las estrellas. El Hijo del Hombre,
que subió a las montañas para estar más próximo al cielo, que fue todo luz en
la luz del cielo, que murió, levantado del suelo, en la oscuridad del cielo, y
volvió para elevarse en la suavidad de la noche al cielo, y volverá de nuevo un
día sobre las nubes del cielo, está todavía entre nosotros, presente en el
mundo que ha querido libertar, atento a nuestras súplicas si verdaderamente
proceden de lo hondo del alma; a nuestras lágrimas, si en verdad fueron
lágrimas de sangre en el corazón antes de ser gotas saladas en los ojos;
huésped invisible y benévolo que no nos desamparará nunca, porque la tierra,
por voluntad suya, ha de ser como una anticipación del reino celestial, y, en
cierto sentido, forma desde hoy parte del cielo. Esta rústica nodriza de los
hombres que es la Tierra, esta esfera que es un punto en el infinito, y, con
todo, contiene la esperanza del infinito, Cristo la ha tomado para sí, como
perpetua propiedad suya, y hoy está más ligado a nosotros que cuando comía el
pan de nuestros campos. Ninguna promesa divina puede ser cancelada; todos los
átomos de la nube de mayo que lo escondió están todavía aquí abajo, y nosotros
elevamos todos los días nuestros ojos cansados y mortales a aquel mismo cielo
del que volverá a descender con el fulgor terrible de su gloria.
Giovanni Papini