Evangelio de Mateo 5, 1-12a
En
aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se
acercaron sus discípulos. Y él se puso a hablar enseñándoles: “Dichosos los
pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los
sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque
ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán “los hijos
de Dios”. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es
el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y
os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque
vuestra recompensa será grande en el cielo”.
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Sermón de la Montaña, Cosimo Rosselli
Comprendí que todo lo que
hizo Dios durará siempre: no se puede añadir ni restar.
Eclesiastés 3, 15
Los muertos son seres invisibles, no ausentes.
San Agustín
Hemos
tenido ya muchos vislumbres de que lo que nuestros ojos ven y nuestras manos
tocan es una ínfima parte de lo Real. Ya no porque lo digan los científicos,
perdidos y dormidos tantas veces; lo hemos experimentado en carne propia,
con sueños lúcidos a veces, con déjà vu
oportunos, con ventanas de consciencia a dimensiones que conectan con la Vida…
Nos hemos vivido reales y virtuales, hemos atisbado la tramoya del escenario, en
esta representación del mundo que está acabando… ¿Por qué no morir ahora, si el
personaje ya cansa y hemos visto las escenas tantas veces, con pequeñas variaciones?
Venga, muere y renace, para que todos los muertos mueran y resuciten en ti. Como un estallido luminoso, porque la niña no está muerta, sino dormida…, Talitha qumi. Levántate y ponte en camino, pero antes, muere a lo que no eres, interpreta la última escena de pérdida y lágrimas, sueña el último sueño de ausencias y nostalgia, despídete ya de la vida, y extiende las alas para volar a la Vida. Como el replicante Roy Batti en Blade runner: es hora de morir, time to die….¡Time to live! ¡Es hora de vivir! Al fin lo comprendo…, solo queda morir con alegría y serenidad en este gran juego que es ensayo de la Vida. Lo entiendo, lo asumo, lo veo y se convierte en anhelo de retorno.
Venga, muere y renace, para que todos los muertos mueran y resuciten en ti. Como un estallido luminoso, porque la niña no está muerta, sino dormida…, Talitha qumi. Levántate y ponte en camino, pero antes, muere a lo que no eres, interpreta la última escena de pérdida y lágrimas, sueña el último sueño de ausencias y nostalgia, despídete ya de la vida, y extiende las alas para volar a la Vida. Como el replicante Roy Batti en Blade runner: es hora de morir, time to die….¡Time to live! ¡Es hora de vivir! Al fin lo comprendo…, solo queda morir con alegría y serenidad en este gran juego que es ensayo de la Vida. Lo entiendo, lo asumo, lo veo y se convierte en anhelo de retorno.
Es el
fruto de mirar la muerte bajo la perspectiva de lo eterno. Te das cuenta
de que las Bienaventuranzas son un código para el tiempo lineal, ese infinito
horizontal que intersecciona con el infinito vertical, la dimensión atemporal
donde se eleva la Cruz que nos eleva, nos salva y libera. Dichosos los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre y sed,
los perseguidos… El pasado es transmutado por el mejor de los futuros, que
es volver a Casa, ese camino de retorno que recorremos juntos, los misericordiosos, los limpios de corazón, los pobres de espíritu...Comunión de los
Santos, al encuentro de la dicha y la plenitud.
Anoche volví a ver una
película de 1938, Vive como
quieras, de Frank Capra, mala traducción, como tantas veces, del título
original: You can't take it with you , No puedes llevártelo contigo. Qué oportuno título y qué oportuna
película, bendita sincronía...
Mirando a esos maravillosos actores, pienso: ¡todos están muertos ya!
¿Todos muertos? ¡No!, todos vivos e interpretando ahora, en el momento en el que
los miro, en este instante eterno donde todo se recrea y se abre a los
universos originales. Todos vivos ahora y actuando, naciendo y muriendo a la
vez.
Vive como quieras, Frank Capra, 1938
¿Cómo es
posible? Por el desdoblamiento del tiempo,
como empiezan a llamarlo algunos científicos (Jean Pierre Garnier Malet),
perplejos ante esta confirmación de las intuiciones de Einstein y, ¡ay!, qué poco a poco vamos comprendiendo, de las
certezas y enseñanzas diáfanas de Jesús de Nazaret. Todo es virtual…, no solo
la película, sino nuestras "vidas-film" (Mouravieff se acercó aún más que Einstein), en la representación de este mundo
que ya pasa y es preludio del verdadero y definitivo.
Ser
importante, ser el primero, ser el mayor o el mejor… O ser
normal, ser del montón, libres y sinceros como los personajes de Frank Capra, formar
parte de ese grupo que ha decidido no esforzarse por sobresalir aquí, entre las
sombras de una caverna que ya huele a rancio, y salir al aire libre para emprender el camino de regreso. Solo el que no
finge ni pretende ser algo puede ser todo. Solo el que muere a sí nace a Sí.
Volvamos
a Blade Runner, esa poética lección
sobre la muerte-vida. El replicante muere sin resistencias ni drama, porque se
sabe uno más, no se siente mejor o mayor ni quiere serlo, no se aferra a una identidad
falsa como solemos hacer los seres humanos: una se cree escritora, otro
abogado, el tercero profesor, aquella, psicóloga..., y empresarios, arquitectos, jueces, artistas….todos virtuales…
Los
replicantes no se identifican con su autoimagen ni se aferran a nada ni nadie. Pero
viven, no sobreviven ni malviven como tantas veces nosotros, viven despiertos y
libres, valoran y disfrutan la belleza de este mundo del que no son. Saben que
no son del mundo y saben que nada les pertenece, por eso tienen esa capacidad
de soltar y abandonar la escena. Sus lágrimas son verdaderas, agua de la
experiencia que se une al agua de la Vida, comunión de las aguas, comunión de
los santos, muere el hombre, regresa el Hombre con su obra culminada y su
misión cumplida.
Es hora
de morir, hora de renacer. Más es mía el
alba de oro, me digo tantas veces con Rubén Darío cuando asoma la tristeza...
Ahora entiendo la hermosa y enigmática sonrisa del replicante que
interpreta Rutger Hauer. Morir solo es
morir, escribió José Luis Martín Descalzo en su último soneto.
Vivamos y muramos con la dignidad, el desapego y la valentía del replicante Roy Batti,
agradecidos a la belleza de este mundo que empezamos a ver como él, con mirada que recrea,
transfigurados ya por la luz del Tabor definitivo, al que ascendemos,
siguiendo las huellas del Cordero-Pastor.
Escena "Lágrimas en la lluvia"
de Blade Runner, 1982, Ridley Scott
Unos
aforismos de un libro inédito sobre el duelo.
LA HABITACIÓN DE AL LADO
No
están lejos de nosotros, solo van unos pasos por delante. La muerte no puede
quitárnoslos; la eternidad nos los guarda.
Nunca
es tarde para amar, y amar es lo único que hemos de hacer, todo lo
demás es vanidad o añadidura.
Nada se
pierde. Todo lo real se ha salvado, perfeccionado y completado.
Duele
perder la cercanía, la unión que muestran los sentidos. Pero no se
pierde, sigue presente, aunque no la veamos con los ojos físicos.
Para
abandonar un duelo reactivo, basado en el miedo y la lucha: recordar que la
muerte es tránsito, Dies Natalis, Día
del Nacimiento, y hacer del dolor un
sufrimiento consciente.
Aquel
a quien amas y crees haber perdido está teniendo una maravillosa fiesta de
dicha y consciencia, de plenitud y libertad.
El
duelo–dolor procede del miedo. Libérate del miedo, transmuta el sufrimiento
vano en sufrimiento consciente y construye el alma que ha de perdurar.
Es
hora de soltar. Abre, expande, conecta con la luz.
Todo está
aquí, ahora. No se ha perdido nada más que lo falso. Lo esencial permanece.
Deja que los
muertos entierren a los muertos. Que el muerto que no eres entierre a los muertos
que no son.
La niña no está muerta, está dormida (Mt, 9, 24) ¡Así es siempre! El que creemos
muerto está dormido aquí y despierto en lo real para esperarnos.
Lo que existe
no puede dejar de existir. Conecta con lo que ha existido y sigue existiendo de
cada ser querido, lo inmortal.
No estás más
lejos de la luz, aunque no la veas. Cuando la noche es más oscura, el amanecer
está más cerca.
Asume
ese desgarro sin rendirte a él. Acógelo, viendo su corazón de humo, su centro
de sombra, su nada de ceniza.
Presente, Vox Dei